Lo primer es poner en conocimiento de padres y tutores la existencia de la enfermedad, para que se tomen las medidas convenientes en el menor tiempo posible. Para cualquier consulta se debe acudir lo más rápidamente al médico de cabecera o de familia, que se encargará de hacer un diagnóstico y en caso necesario solicitará la ayuda de otros profesionales.
Realizar una detección precoz para intervenir cuanto antes es fundamental para evitar que el trastorno se cronifique.
La familia y las personas cercanas han de ser sensibles a las preocupaciones que por el peso manifiesta la persona, el miedo a engordar, y las quejas continuas por el aspecto físico.
Puede suceder que algunas personas, sobre todo para las más jóvenes, la única vía para expresar sus sentimientos sea diciendo NO a la comida y comunicándose a través de la negación. Ante la incapacidad de encontrar palabras para expresar los conflictos internos, es el cuerpo el que habla y lo hace a través de síntomas como dejar de comer o provocarse el vómito.
La Anorexia y la Bulimia son el final de un proceso, en el confluyen numerosos malestares. Para ser capaces de prevenir hay que estar alerta. Tenemos que estar antenos/as a las dificultades que aparecen durante la adolescencia, ayudando a que los/as jóvenes desarrollen sus capacidades personales que permitan resolver sus conflictos de forma saludable. |