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NUESTRO SEÑOR ARZOBISPO D. Santiago García Aracil.
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Monseñor Santiago García Aracil nació
en Valencia el 8 de Mayo de 1940. Estudió en el Seminario Metropolitano de la Archidiócesis de Valencia. Ordenado de presbítero el 21 de Septiembre de 1963. Ejerció el apostolado sacerdotal en la misma ciudad. Nombrado Obispo Auxiliar del Sr. Arzobispo de Valencia el en diciembre de 1984. Obispo diocesano de Jaén el 31 de Mayo de 1988. Arzobispo de Mérida-Badajoz el 9 de Julio de 2004.
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El diario oficial del Vaticano,
L’Osservatore Romano, publicó el nuevo escudo del Papa Benedicto XVI, que
conserva algunos elementos originales del escudo episcopal del Cardenal
Joseph Ratzinger y descarta la tradicional triple tiara pontificia,
reemplazándola por una mitra. Según Mons. Andrea Cordero Lanza di Montezemolo,
arzobispo italiano experto en heráldica y creador del nuevo escudo papal,
"Benedicto XVI ha escogido un escudo de armas rico en simbolismo y
significado, para poner su personalidad y papado en las manos de la
historia”. Benedicto XVI mantuvo la Concha que simboliza
al peregrino y también alude a una historia de San Agustín sobre un niño
que, con una concha, pretendía verter el mar en un agujero. El escudo mantiene elementos que evocan los orígenes bávaros del nuevo Pontífice. Lleva en la esquina superior izquierda, el Moro de Frisinga, la cabeza coronada de un etíope que desde hace mil años aparece en el escudo de los obispos Frisinga. En su libro "Mi
Vida", el entonces Cardenal Ratzinger explicó que utilizó el moro como
"expresión de la universalidad de la Iglesia, que no conoce ninguna
distinción de raza ni de clase". En la parte superior derecha figura el Oso de
Corbiniano, que hace referencia a la leyenda del Obispo Corbiniano, que
predicó el Evangelio en la antigua Baviera y es considerado el padre
espiritual de la Arquidiócesis de Munich-Frisinga. Según la tradición,
cuando el obispo viajaba a Roma, un oso devoró al animal de carga que
llevaba. Corbiniano obligó al oso a llevar sobre su espalda el equipaje
hasta la Ciudad Eterna. Una vez en Roma, lo dejó libre. “El oso que llevaba
la carga del santo me recuerda una de las meditaciones sobre los salmos de
San Agustín. En los versículos 22 y 23 del salmo 72 (73) veía él expresado
el peso y la esperanza de su vida. Aquello que él ve que expresan estos
versículos y que presenta en su Comentario es como un ‘autorretrato’
trazado ante Dios y, por tanto, no sólo un pensamiento piadoso, sino
explicación de la vida y luz en el camino. Me ha parecido que lo que
Agustín escribe aquí representa mi destino personal”, indicó el entonces
Purpurado en su autobiografía. El escudo se completa con las dos llaves cruzadas símbolo del ministerio de Pedro.(Aci)
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