Aquí, la Biblia.

Una página del M. Iltre. Sr. Dr. D. Antonio García-Moreno

 

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Cuaresma 2010

Dom. IV - Cuaresma

Dom. V - Cuaresma

Domingo de Ramos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo III de Cuaresma

 

 

AQUÍ ESTOY. AQUÍ ESTAMOS

 

                  Moisés ha huido de Egipto, se ha refugiado en la tierra de Madián. Él había querido ayudar a su pueblo, se interpuso en aquella pelea de hermanos, entre aquellos hombres que llevaban la misma sangre de los patriarcas en sus venas. Pero no aceptaron su mediación, le echaron en cara el haber defendido con la violencia a un hebreo,  y matado a un capataz egipcio. Ante aquella actitud desconcertante de repulsa, ante aquel peligro de ser denunciado por la gente de su mismo pueblo, Moisés abandona precipitadamente la corte del faraón y se refugia en la heredad de Jetró.

         Ahora sus manos están encallecidas por el rudo cayado de pastor; su piel curtida por el viento solano del desierto, su alma serenada por el silencio y la soledad de los campos de Madián. Y un día la voz de Yahwéh, el Dios de su pueblo, se dejó oír entre el chisporroteo de una zarza que arde: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Aquí estoy.

         La voz de Dios que llama. También a nosotros. También a ti. Por tu nombre propio. Ojala respondas como Moisés: Aquí estoy. Disponibilidad, presteza para secundar los planes de Dios en tu vida. Prontitud para seguir la voz de la conciencia, la voz del Señor que resuena constantemente en tu vida de cada día, pidiendo tu colaboración, tu lealtad a tus compromisos de hombre cristiano…

         Israel gime atormentado por la opresión del yugo de su esclavitud. El faraón pretende exterminarlo lentamente, sacándole todo el provecho posible, explotándolo miserablemente. El trabajo aumenta y la ración de comida disminuye. Los hebreos claman en el estrépito del trabajo y en el silencio de las claras noches junto al Nilo.

         Dios se compadece de aquella situación y decide libertarlos. Ese amor infinito del Señor va a desplegarse en mil prodigios y señales. Él no puede consentir por más tiempo aquella penosa situación. Es como si no sufriera el ver a los suyos maltratados de aquella forma.

         Señor, hoy también hay opresión, hoy también existen injusticias, penas, sinsabores, angustias, miedos, situaciones insostenibles. Hay muchos que gimen y que lloran en mil rincones del mundo. Muchos que pasan hambre, muchos que no tienen fe, muchos que malviven sin ninguna esperanza, muchos que mueren sin un poco de cariño... Una multitud de seres desgraciados que extiende sus brazos escuálidos, pidiendo compasión para tanta miseria. Sí, Señor, míranos. Aquí estamos. Te lo pedimos, vuelve a nuestra tierra, sácanos de la esclavitud, condúcenos con mano firme, a través del desierto, hacia la Tierra de Promisión.

 

COMO HIGUERA SIN FRUTO

 

         De ordinario tendemos a juzgar con ligereza a los demás. Nos inclinamos a pensar mal acerca de la conducta de los otros. En este domingo III de Cuaresma, el pasaje del evangelio narra que algunos se acercan a Jesús para contarle que unos galileos han sido ejecutados por Pilato. El Señor les escucha y al mismo tiempo lee sus pensamientos. Por eso les pregunta si se creen que aquellos que murieron eran más pecadores que los que se libraron. Si piensan así, están equivocados. Los males que sobrevienen al hombre no siempre se han de considerar como un castigo de Dios. A veces puede incluso ser un bien inapreciable, una ocasión para purificar el alma, un sacrificio que ofrecer al Señor en reparación de los pecados propios y ajenos, una oportunidad para unirse a Jesús crucificado y cooperar con el propio dolor a la redención de las almas. Por tanto, no seamos ligeros al juzgar, ni pensemos que el mal que nos puede sobrevenir es señal de una culpa, que Dios castiga. Alguna vez puede ser así, pero no siempre lo es.

         Por otra parte, nuestro Señor toma ocasión de esos hechos en los que algunos han sufrido la muerte, para recordar a sus oyentes. y a todos nosotros, que es preciso convertirse para no perecer por nuestros culpas, para que si viene el mal nos sirva de salvación y no de condenación. Sí, hemos de arrepentirnos de nuestros pecados, hemos de cambiar a una vida santa, si realmente queremos estar con Dios. Y que nadie diga que él no necesita convertirse. Si alguno piensa de esa forma, es un pobre soberbio que más que nadie corre el peligro de ser castigado por Dios. Recordemos otra vez que el justo peca siete veces al día, pero siete veces se levanta, mientras que el impío cae y permanece en su caída. La diferencia entre uno y otro no está, por tanto, en que uno peca y el otro no, sino en que uno se arrepiente y se convierte, mientras que el otro se obstina en su pecado.

         Termina el pasaje evangélico con la parábola de la higuera que no acaba de dar fruto. Tres años sin echar higos, deciden al dueño a cortarla de una vez. Pero el viñador le pide al amo un año más. Él la cavará y la abonará bien, a ver si así da fruto, y si no, se cortará el árbol. Miremos nuestra propia vida, veamos si somos como esa higuera, consideremos que quizá sea este el último año que el Señor nos concede para que demos el fruto debido. Tratemos de rectificar nuestra conducta indolente, nuestra vida vacía de amor a Dios y de buenas obras. Hagamos un esfuerzo para conseguir frutos de penitencia, no sea que el Señor se acerque a buscar nuestro fruto y estemos sin él. Pensemos en aquella otra higuera que sólo tenía hojas y que Jesús maldijo, secándola para siempre.

 

 

 

BREVE MEDITACIÓN PARA LA

SEMANA III DE CUARESMA

 

LUNES

 

         "Os aseguro que ninguno es bien mirado en su tierra" (Lc 4, 24)

         Las palabras de Jesús eran las mismas en Nazaret que en Cafarnaún, él actuaba de igual forma. Y, sin embargo, en Nazaret lo desprecian, es más intentan despeñarlo por el barranco a la salida del pueblo. Al cabo de  mucho tiempo la piedad popular edificó allí una ermita, en recuerdo del susto de la Virgen, el sobresalto de su corazón, el pasmo que la paralizó... Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó, sin que nadie se atreviera a ponerle la mano encima.

         Ser bien mirado nos gusta a todos, el ser aceptado y aplaudido. Nos entristecemos cuando nuestras buenas intenciones son mal interpretadas, nos enfadamos internamente cuando no se aprecian nuestro gestos de acercamiento, o de servicio generoso y desinteresado. Esa desazón nuestra se incrementa cuando, además, todo ese afán de hacer el bien se desprecia, e incluso se denigra... Es la consecuencia lógica de buscar la gloria humana, y no sólo la divina. Perdónanos, Padre mío, y danos fuerzas para serte fiel, y hacer siempre el bien, sin mirar nunca a quién...

 

MARTES

 

         "Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si uno no perdona de corazón a su hermano" (Mt 18, 35)

         Pedro sabe que ha de perdonar a quien le ofende. Pero no sabe cuántas veces ha de hacerlo. Piensa que siete veces serán suficientes. Sin embargo, la repuesta de Jesús es inesperada: no siete sino setenta veces siete. Un juego de palabras y de números para indicar que, en definitiva, siempre hemos de perdonar... Al final matiza el Maestro, al indicar que nuestro perdón debe ser de corazón. Pues ocurre con frecuencia que uno perdona, pero no olvida; la ofensa queda enquistada en la mente y en el corazón, latente quizás pero operante cuando se presenta la ocasión de devolver la papeleta...

         Lo siento, Padre mío, lo siento. No lo puedo remediar, es como el hematoma que aparece tras recibir un golpe. Es imposible no sentir el coraje y hasta la rabia por la injusta bofetada recibida... No obstante, si puedo y debo sobreponerme, y devolver bien por mal, caminar hacia el encuentro reconciliador, aunque sea cojeando. Con abnegación y empeño puedo apagar la sed de venganza, el deseo de devolver el golpe... Quiero, Señor, pero con sólo quererlo yo, no es suficiente. Es necesaria tu gracia, es imprescindible tu ayuda. Cuento con ella, sé que no me abandonarás...

 

MIÉRCOLES

 

         "El que se salte uno de los preceptos menos importantes... Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos" (Mt 5, 18. 19)

         Sin ser puntilloso ni perfeccionista, sin caer en el escrúpulo o la obsesión, es necesario ser delicado y afinar, cuidar las cosas pequeñas... En definitiva la vida es un entramado de cosas nimias y ordinarias. La puntualidad holgada, el remate adecuado de lo que se hace, el afán por actuar en cada momento con la convicción de se trabaja por Dios y para Dios...

         Nos gusta el espectáculo, el aplauso y la admiración de los demás. Tendemos a las prisas, a no perfilar las cosas, a salir del paso como sea y lo más pronto posible... Serenidad y paciencia, persuadidos de que lo decisivo no es hacer algo, sino el hacerlo bien. Si cuanto hago es una ofrenda a Dios, no puedo olvidar que la santidad divina merece lo mejor... Te lo suplico, Madre mía, ayúdame también en lo ordinario.

 

JUEVES

 

         "Jesús estaba echando un demonio que era mudo, y apenas salió el demonio habló el mudo" (Lc 11, 14)

         De muchas maneras nos ataca el demonio. No descansa, es como el león hambriento que merodea buscando a quien devorar. Y, sin duda, una de las formas de atacarnos es dejarnos mudos, para que no confesemos nuestras faltas y pecados. Él sabe que si reconocemos nuestras faltas y las confesamos arrepentidos, el Señor nos perdona y nos anima a luchar para no pecar...

         Por otro lado, abrir el alma y "airear" nuestro interior nos libra del remordimiento, quita fuerza a la inclinación y al pecado... Decir lo que nos atormenta es acabar en parte con el tormento... Señor, dame luz y fuerza para ser sincero con quien has puesto en mi camino para facilitarme el recorrerlo. Ayúdame a ser sincero en la Confesión, consciente de que así tu perdón y tu paz me llenarán el alma.

 

VIERNES

 

         "Uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos?” (Mc 12,28)

         Parece una pregunta fácil y bien intencionada. Sin embargo no era así. Los estudiosos de la Ley no se ponían de acuerdo entre sí, ni en el número de preceptos ni en el orden de su importancia. La respuesta de Jesús es clara e inmediata: Amar a Dios sobre todas las cosas y con toda el alma... Pero el Maestro añade que el segundo consiste en amar al prójimo como a uno mismo.

         Sus palabras se repiten en primer lugar en la exhortación llamada "Shema", aquel pasaje del Deuteronomio (6, 4-5) que todo judío se sabía y se sabe de memoria. Ese texto que, en tantas ocasiones, el hebreo piadoso tiene ante sus ojos. Lo pone en las dinteles de las puertas, se lo coloca en la frente y junto al corazón al rezar. Por medio de una cajita llamada "mezuza" el judío creyente recuerda con frecuencia que el Señor es el único Dios, y que ese Dios es nuestro Dios... Amarle con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo nuestro ser, es lo único que, junto con el amor al prójimo, nos importa.

 

SÁBADO

 

         "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido" (Lc 18, 14)

         Debe ser verdad que hay que tener una cierta autoestima. Así se oye decir con alguna frecuencia. Quizás ello contribuya a no desalentarse, a no caer en un complejo de inferioridad, abocado a una depresión. Pero puede ocurrir que esa autoestima sea como la del fariseo de la parábola, aquel que daba gracias por no ser como los demás.

         Lo malo de su conducta no estaba en reconocer su buen comportamiento y dar gracias al Señor. Eso equivale implícitamente a reconocer que lo bueno que uno pueda tener se lo debe a Dios. Lo torcido de su proceder era el desprecio por los demás, incluido el pobre publicano que arrepentido se golpeaba el pecho... Por consiguiente hay que pedir ayuda al Señor y reconocerla agradecido. Pero al mismo tiempo hay que comprender que uno puede caer en lo más abyecto. Y desde esa debilidad propia, cada uno ha de temer su posible caída y, sobre todo, ha de comprender la ajena.

 

        

“Curriculum vitae”

            Antonio García-Moreno es Canónigo Lectoral de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Licenciado en Derecho Civil por la Universidad de Sevilla, doctor en Teología bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana y licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Desde hace casi cuarenta años imparte clases en el Seminario Metropolitano de Mérida-Badajoz, y desde el curso 1971-1972 en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Ha colaborado en la Gran Enciclopedia Rialp y en la Biblia de Navarra, donde en un principio, allá por los años setenta, participó especialmente en el Evangelio de San Juan. Esta circunstancia le condujo a trabajar de modo particular en este campo. No obstante, fuera de los estudios joánicos ha publicado su tesis doctoral en teología, El sentido del dolor en Job, según Juan de Pineda; sobre teología del Nuevo Testamento tiene el libro Pueblo, Iglesia y Reino de Dios y la participación en de la traducción y comentario de la Biblia le impulsó a publicar La Neovulgata. Precedentes y actualidad.

                                              Sobre San Juan ha publicado El cuarto                  Evangelio. Aspectos teológicos (traducido al italiano por Ediciones Dehonianas de Bolonia); El Evangelio de San Juan, reeditado con algunas mejoras y con el título de Introducción al Misterio. Evangelio de San Juan; El Hijo del trueno, sencilla y breve biografía sobre el Discípulo amado y, por último, Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos. Estudios de Cristología joánica. En el campo homilético ha colaborado con el Secretariado Nacional de Liturgia en la colección Comentarios Bíblicos. Años después, publicó una obra de más de mil páginas, en tres volúmenes, uno por cada ciclo del año litúrgico, titulada Al filo de tu palabra, Señor. Oración del domingo. Una segunda edición aparece en un sólo volumen, añadiendo comentarios a los leccionarios de las fiestas de España. Con el título Tu palabra me da vida, publica un volumen con los comentarios litúrgicos aparecidos en la Revista “Palabra”. Finalmente prologa y actualiza las notas de La vida de Nuestro Señor Jesucristo de C.P.Fillion publicada por Rialp en el año del Gran Jubileo. Pertenece a la Asociación Bíblica Española y es miembro de la Studiorum Novi Testamenti Societas, asociación bíblica interconfesional e internacional de reconocido prestigio.

 

Si alguien está interesado en alguna dominica o estampa bíblica pasada, puede solicitarla al autor:  agmoreno@unav.es