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Domingo III de Cuaresma
AQUÍ ESTOY. AQUÍ ESTAMOS
Moisés ha huido de Egipto, se ha refugiado en la tierra de Madián.
Él había querido ayudar a su pueblo, se interpuso en aquella pelea de
hermanos, entre aquellos hombres que llevaban la misma sangre de los
patriarcas en sus venas. Pero no aceptaron su mediación, le echaron en cara
el haber defendido con la violencia a un hebreo, y matado a un capataz
egipcio. Ante aquella actitud desconcertante de repulsa, ante aquel peligro
de ser denunciado por la gente de su mismo pueblo, Moisés abandona
precipitadamente la corte del faraón y se refugia en la heredad de Jetró.
Ahora sus manos están encallecidas por el rudo cayado de pastor; su piel
curtida por el viento solano del desierto, su alma serenada por el silencio
y la soledad de los campos de Madián. Y un día la voz de Yahwéh, el Dios de
su pueblo, se dejó oír entre el chisporroteo de una zarza que arde: ¡Moisés,
Moisés! Y él respondió: Aquí estoy.
La voz de Dios que llama. También a nosotros. También a ti. Por tu nombre
propio. Ojala respondas como Moisés: Aquí estoy. Disponibilidad, presteza
para secundar los planes de Dios en tu vida. Prontitud para seguir la voz de
la conciencia, la voz del Señor que resuena constantemente en tu vida de
cada día, pidiendo tu colaboración, tu lealtad a tus compromisos de hombre
cristiano…
Israel
gime atormentado por la opresión del yugo de su esclavitud. El faraón
pretende exterminarlo lentamente, sacándole todo el provecho posible,
explotándolo miserablemente. El trabajo aumenta y la ración de comida
disminuye. Los hebreos claman en el estrépito del trabajo y en el silencio
de las claras noches junto al Nilo.
Dios se compadece de aquella situación y decide libertarlos. Ese amor
infinito del Señor va a desplegarse en mil prodigios y señales. Él no puede
consentir por más tiempo aquella penosa situación. Es como si no sufriera el
ver a los suyos maltratados de aquella forma.
Señor, hoy también hay opresión, hoy también existen injusticias, penas,
sinsabores, angustias, miedos, situaciones insostenibles. Hay muchos que
gimen y que lloran en mil rincones del mundo. Muchos que pasan hambre,
muchos que no tienen fe, muchos que malviven sin ninguna esperanza, muchos
que mueren sin un poco de cariño... Una multitud de seres desgraciados que
extiende sus brazos escuálidos, pidiendo compasión para tanta miseria. Sí,
Señor, míranos. Aquí estamos. Te lo pedimos, vuelve a nuestra tierra,
sácanos de la esclavitud, condúcenos con mano firme, a través del desierto,
hacia la Tierra de Promisión.
COMO HIGUERA SIN FRUTO
De ordinario tendemos a juzgar con ligereza a los demás. Nos
inclinamos a pensar mal acerca de la conducta de los otros. En este domingo
III de Cuaresma, el pasaje del evangelio narra que algunos se acercan a
Jesús para contarle que unos galileos han sido ejecutados por Pilato. El
Señor les escucha y al mismo tiempo lee sus pensamientos. Por eso les
pregunta si se creen que aquellos que murieron eran más pecadores que los
que se libraron. Si piensan así, están equivocados. Los males que
sobrevienen al hombre no siempre se han de considerar como un castigo de
Dios. A veces puede incluso ser un bien inapreciable, una ocasión para
purificar el alma, un sacrificio que ofrecer al Señor en reparación de los
pecados propios y ajenos, una oportunidad para unirse a Jesús crucificado y
cooperar con el propio dolor a la redención de las almas. Por tanto, no
seamos ligeros al juzgar, ni pensemos que el mal que nos puede sobrevenir es
señal de una culpa, que Dios castiga. Alguna vez puede ser así, pero no
siempre lo es.
Por otra parte, nuestro Señor toma ocasión de esos hechos en los
que algunos han sufrido la muerte, para recordar a sus oyentes. y a todos
nosotros, que es preciso convertirse para no perecer por nuestros culpas,
para que si viene el mal nos sirva de salvación y no de condenación. Sí,
hemos de arrepentirnos de nuestros pecados, hemos de cambiar a una vida
santa, si realmente queremos estar con Dios. Y que nadie diga que él no
necesita convertirse. Si alguno piensa de esa forma, es un pobre soberbio
que más que nadie corre el peligro de ser castigado por Dios. Recordemos
otra vez que el justo peca siete veces al día, pero siete veces se levanta,
mientras que el impío cae y permanece en su caída. La diferencia entre uno y
otro no está, por tanto, en que uno peca y el otro no, sino en que uno se
arrepiente y se convierte, mientras que el otro se obstina en su pecado.
Termina el pasaje evangélico con la parábola de la higuera que no
acaba de dar fruto. Tres años sin echar higos, deciden al dueño a cortarla
de una vez. Pero el viñador le pide al amo un año más. Él la cavará y la
abonará bien, a ver si así da fruto, y si no, se cortará el árbol. Miremos
nuestra propia vida, veamos si somos como esa higuera, consideremos que
quizá sea este el último año que el Señor nos concede para que demos el
fruto debido. Tratemos de rectificar nuestra conducta indolente, nuestra
vida vacía de amor a Dios y de buenas obras. Hagamos un esfuerzo para
conseguir frutos de penitencia, no sea que el Señor se acerque a buscar
nuestro fruto y estemos sin él. Pensemos en aquella otra higuera que sólo
tenía hojas y que Jesús maldijo, secándola para siempre.
BREVE
MEDITACIÓN PARA LA
SEMANA III DE CUARESMA
LUNES
"Os aseguro que ninguno es bien mirado en su tierra"
(Lc 4, 24)
Las palabras de Jesús eran las mismas en
Nazaret que en Cafarnaún, él actuaba de igual forma. Y, sin embargo, en
Nazaret lo desprecian, es más intentan despeñarlo por el barranco a la
salida del pueblo. Al cabo de mucho tiempo la piedad popular edificó allí
una ermita, en recuerdo del susto de
la Virgen,
el sobresalto de su corazón, el pasmo que la paralizó... Pero Jesús se abrió
paso entre ellos y se alejó, sin que nadie se atreviera a ponerle la mano
encima.
Ser bien mirado nos gusta a todos, el
ser aceptado y aplaudido. Nos entristecemos cuando nuestras buenas
intenciones son mal interpretadas, nos enfadamos internamente cuando no se
aprecian nuestro gestos de acercamiento, o de servicio generoso y
desinteresado. Esa desazón nuestra se incrementa cuando, además, todo ese
afán de hacer el bien se desprecia, e incluso se denigra... Es la
consecuencia lógica de buscar la gloria humana, y no sólo la divina.
Perdónanos, Padre mío, y danos fuerzas para serte fiel, y hacer siempre el
bien, sin mirar nunca a quién...
MARTES
"Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si uno no perdona de
corazón a su hermano"
(Mt 18, 35)
Pedro sabe que ha de perdonar a quien le
ofende. Pero no sabe cuántas veces ha de hacerlo. Piensa que siete veces
serán suficientes. Sin embargo, la repuesta de Jesús es inesperada: no siete
sino setenta veces siete. Un juego de palabras y de números para indicar
que, en definitiva, siempre hemos de perdonar... Al final matiza el Maestro,
al indicar que nuestro perdón debe ser de corazón. Pues ocurre con
frecuencia que uno perdona, pero no olvida; la ofensa queda enquistada en la
mente y en el corazón, latente quizás pero operante cuando se presenta la
ocasión de devolver la papeleta...
Lo siento, Padre mío, lo siento. No lo
puedo remediar, es como el hematoma que aparece tras recibir un golpe. Es
imposible no sentir el coraje y hasta la rabia por la injusta bofetada
recibida... No obstante, si puedo y debo sobreponerme, y devolver bien por
mal, caminar hacia el encuentro reconciliador, aunque sea cojeando. Con
abnegación y empeño puedo apagar la sed de venganza, el deseo de devolver el
golpe... Quiero, Señor, pero con sólo quererlo yo, no es suficiente. Es
necesaria tu gracia, es imprescindible tu ayuda. Cuento con ella, sé que no
me abandonarás...
MIÉRCOLES
"El que se salte uno de los preceptos menos importantes... Pero
quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos" (Mt 5, 18. 19)
Sin ser puntilloso ni perfeccionista,
sin caer en el escrúpulo o la obsesión, es necesario ser delicado y afinar,
cuidar las cosas pequeñas... En definitiva la vida es un entramado de cosas
nimias y ordinarias. La puntualidad holgada, el remate adecuado de lo que se
hace, el afán por actuar en cada momento con la convicción de se trabaja por
Dios y para Dios...
Nos gusta el espectáculo, el aplauso y
la admiración de los demás. Tendemos a las prisas, a no perfilar las cosas,
a salir del paso como sea y lo más pronto posible... Serenidad y paciencia,
persuadidos de que lo decisivo no es hacer algo, sino el hacerlo bien. Si
cuanto hago es una ofrenda a Dios, no puedo olvidar que la santidad divina
merece lo mejor... Te lo suplico, Madre mía, ayúdame también en lo
ordinario.
JUEVES
"Jesús estaba echando un demonio que
era mudo, y apenas salió el demonio habló el mudo" (Lc 11, 14)
De muchas maneras nos ataca el demonio.
No descansa, es como el león hambriento que merodea buscando a quien
devorar. Y, sin duda, una de las formas de atacarnos es dejarnos mudos, para
que no confesemos nuestras faltas y pecados. Él sabe que si reconocemos
nuestras faltas y las confesamos arrepentidos, el Señor nos perdona y nos
anima a luchar para no pecar...
Por otro lado, abrir el alma y "airear"
nuestro interior nos libra del remordimiento, quita fuerza a la inclinación
y al pecado... Decir lo que nos atormenta es acabar en parte con el
tormento... Señor, dame luz y fuerza para ser sincero con quien has puesto
en mi camino para facilitarme el recorrerlo. Ayúdame a ser sincero en
la Confesión, consciente de que así tu perdón y
tu paz me llenarán el alma.
VIERNES
"Uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué
mandamiento es el primero de todos?”
(Mc 12,28)
Parece una pregunta fácil y bien
intencionada. Sin embargo no era así. Los estudiosos de
la Ley no se ponían de acuerdo entre sí, ni en el número de preceptos ni en
el orden de su importancia. La respuesta de Jesús es clara e inmediata: Amar
a Dios sobre todas las cosas y con toda el alma... Pero el Maestro añade que
el segundo consiste en amar al prójimo como a uno mismo.
Sus palabras se repiten en primer lugar
en la exhortación llamada "Shema", aquel pasaje del Deuteronomio (6, 4-5)
que todo judío se sabía y se sabe de memoria. Ese texto que, en tantas
ocasiones, el hebreo piadoso tiene ante sus ojos. Lo pone en las dinteles de
las puertas, se lo coloca en la frente y junto al corazón al rezar. Por
medio de una cajita llamada "mezuza" el judío creyente recuerda con
frecuencia que el Señor es el único Dios, y que ese Dios es nuestro Dios...
Amarle con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo
nuestro ser, es lo único que, junto con el amor al prójimo, nos importa.
SÁBADO
"Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque
todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido"
(Lc 18, 14)
Debe ser verdad que hay que tener una
cierta autoestima. Así se oye decir con alguna frecuencia. Quizás ello
contribuya a no desalentarse, a no caer en un complejo de inferioridad,
abocado a una depresión. Pero puede ocurrir que esa autoestima sea como la
del fariseo de la parábola, aquel que daba gracias por no ser como los
demás.
Lo malo de su conducta no estaba en
reconocer su buen comportamiento y dar gracias al Señor. Eso equivale
implícitamente a reconocer que lo bueno que uno pueda tener se lo debe a
Dios. Lo torcido de su proceder era el desprecio por los demás, incluido el
pobre publicano que arrepentido se golpeaba el pecho... Por consiguiente hay
que pedir ayuda al Señor y reconocerla agradecido. Pero al mismo tiempo hay
que comprender que uno puede caer en lo más abyecto. Y desde esa debilidad
propia, cada uno ha de temer su posible caída y, sobre todo, ha de
comprender la ajena.
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“Curriculum vitae”
Antonio
García-Moreno es Canónigo Lectoral de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz.
Licenciado en Derecho Civil por la Universidad de Sevilla, doctor en
Teología bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana y licenciado en
Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Desde hace
casi cuarenta años imparte clases en el Seminario Metropolitano de
Mérida-Badajoz, y desde el curso 1971-1972 en la Facultad de Teología de
la Universidad de Navarra. Ha colaborado en la Gran Enciclopedia Rialp y
en la Biblia de Navarra, donde en un principio, allá por los años
setenta, participó especialmente en el Evangelio de San Juan. Esta
circunstancia le condujo a trabajar de modo particular en este campo. No
obstante, fuera de los estudios joánicos ha publicado su tesis doctoral
en teología, El sentido del dolor
en Job, según Juan de Pineda; sobre
teología del Nuevo Testamento tiene el libro Pueblo, Iglesia y Reino de Dios y la participación en de la traducción y comentario de la
Biblia le impulsó a publicar La
Neovulgata. Precedentes y actualidad.
Sobre
San Juan ha publicado El cuarto
Evangelio. Aspectos teológicos (traducido al italiano por Ediciones
Dehonianas de Bolonia); El
Evangelio de San Juan, reeditado con algunas mejoras y con el título
de Introducción al Misterio.
Evangelio de San Juan; El Hijo del trueno, sencilla y breve biografía sobre el Discípulo amado y, por último, Jesús el Nazareno, el Rey de los
judíos. Estudios de Cristología joánica. En el campo homilético ha
colaborado con el Secretariado Nacional de Liturgia en la colección Comentarios Bíblicos. Años
después, publicó una obra de más de mil páginas, en tres volúmenes, uno
por cada ciclo del año litúrgico, titulada Al filo de tu palabra, Señor. Oración del domingo. Una
segunda edición aparece en un sólo volumen, añadiendo comentarios a los
leccionarios de las fiestas de España. Con el título Tu palabra me da vida, publica un volumen con los comentarios
litúrgicos aparecidos en la Revista “Palabra”. Finalmente prologa y
actualiza las notas de La vida de
Nuestro Señor Jesucristo de C.P.Fillion publicada por Rialp en el año
del Gran Jubileo. Pertenece a la Asociación Bíblica Española y es miembro
de la Studiorum Novi Testamenti Societas, asociación bíblica
interconfesional e internacional de reconocido prestigio.
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Si alguien está
interesado en alguna dominica o estampa bíblica pasada, puede solicitarla
al autor: agmoreno@unav.es
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