Aquí, la Biblia.

Una página del M. Iltre. Sr. Dr. D. Antonio García-Moreno

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DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

CRISTO REY

 (Ciclo A)      

 

El Rey de la Vida

            En el mes de ánimas está la fiesta de Cristo Rey. Así, pues, dentro de este período en el que se recuerda la muerte, el juicio, el infierno y la gloria, la Iglesia nos recuerda también que Cristo ha vencido a la muerte, se ha declarado Rey de la vida mediante su Resurrección gloriosa. Así lo proclama San Pablo al decir que "Cristo ha resucitado, primicia de todos los muertos" (1 Co 15, 20)

 

Al recordar la victoria de Cristo frente a la muerte, comprenderemos por qué la muerte, tan acorde con el paisaje otoñal de este tiempo, pierde su aspecto macabro y no nos lleve a la desesperanza. o a la tristeza. Porque si es cierto que por la desobediencia de un hombre, Adán, vino la muerte al mundo, dominando implacable a todos los hombres, también es verdad que por la obediencia de otro hombre, de Cristo, ha entrado la vida a raudales sobre los hombres. Y así, entre la neblina y la nostalgia de estos paisajes de hojas caídas, brilla el Sol que nace de lo Alto, el resplandor de la Luz de luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

            Sí, es verdad que todavía nos domina la muerte, es cierto que también ahora la muerte se cobra sus víctimas. Insaciable “Dama del alba” que vuelve una y otra vez a nuestras casas, a nuestras calles, a nuestras carreteras, tan llenas de vida y tan llenas de muerte... La victoria de Cristo no ha llegado a su plenitud. Y aunque es cierto que la muerte no debe significar sólo pena para quien cree en la vida eterna, no podemos remediar el miedo a la hora definitiva, sin saber si conseguiremos recibir ese trance con lucidez y con fortaleza, aceptando gustosos perder la vida que por fuerza hemos de entregar.

            En esta situación de provisionalidad, en que la muerte circula aún libremente, ha de animarnos profundamente la persuasión de que Cristo es ya el Rey de la Vida, que hará posible que un día la muerte sea aniquilada definitivamente. Mientras ese momento llegue, vivamos como si ya hubiera llegado, vivamos sin temor alguno, seguros de que la victoria sobre la muerte también será una victoria nuestra.

 

Cristo presente en el hombre

 

            La realeza de Jesucristo quedará manifiesta de forma plena y definitiva al fin de los tiempos. Todo el esplendor de su gloria se desplegará ante el asombro de la Historia. Muchos se mofaron de este Rey crucificado, muchos ridiculizaron su Reino que estaba en el mundo sin ser del mundo. Otros rechazaron su soberanía, la avasallaron imponiendo por la fuerza y el engaño leyes que le eran contrarias. Todo eso habrá terminado.

            El príncipe de este mundo, el padre de la mentira, el que es homicida desde el principio, quedará al fin derrocado. Los ángeles proclamarán como en Belén el "Gloria a Dios en las alturas". Pero ya no será como entonces, de forma callada y en el silencio de la noche, perceptible sólo para unos pastores. El día en que él vuelva, el canto que lo anuncie será clamoroso, una sinfonía a toda orquesta que será oída hasta el último rincón de la tierra.

            Con gran majestad, sobre las nubes, descenderá de lo Alto. Un espectáculo único e irrepetible, imposible de imaginar con los cortos vuelos de nuestra imaginación. Vendrá como juez supremo para juzgar a vivos y a muertos, para establecer la justicia, mil veces desquiciada por la maldad de los hombres. Se terminará para siempre el eclipse de Dios, su silencio ante esa situación anómala del triunfo de los soberbios y la opresión de los humildes.

            Es cierto que ese diálogo entre Cristo juez y los hombres, que el evangelista nos describe, no es más que un muestrario abreviado de la escena final. Pero es más que suficiente para estimularnos para contemplar la vida, los hechos, las cosas y las personas, con mirada de fe. Sobre todo a las personas. Saber descubrir, tras el rostro de todo ser humano, el rostro de Cristo. Apreciar la presencia de Jesús en cada hombre, que nos extiende su mano, o nos pide ayuda con una mirada, sin atreverse quizás a pedirla con palabras. Sólo así nuestro Rey y Señor nos llamará al Reino de su Padre, diciéndonos que cuando tuvo hambre le dimos de comer, o que cuando estuvo solo le acompañamos, o que cuando todos le despreciaron nosotros le sonreímos y le saludamos. Sí, no lo olvidemos nunca, Cristo está presente en cada uno de los que se cruzan en el camino, o lo recorren junto a nosotros.

 

Breve meditación para cada día

 

Semana XXXIV del Tiempo ordinario

 

Feria II

 

            "Yo, Juan, miré, y allí estaba el Cordero de pie sobre el monte Sión..." (Ap 14, 1)

            Cordero de Dios que va sin resistirse a su propia inmola­ción, que vierte su sangre en remisión de los pecados, que ter­mina triunfando sobre sus terribles enemigos... En efecto, la primera vez que San Juan nos habla del Cordero lo presenta como el que es de Dios y quita los pecados del mundo. Así

lo presenta el Bautista a orillas del Jordán. Habló con tal emoción y énfasis que dos de sus discípulos le siguieron, deseosos de hablar con él. Luego ese Cordero será sacrificado en la última Pascua judía y primera Pascua cristiana. Y por último lo vemos triunfante en lo más alto del Cielo, según nos narra el Apocalipsis.

 

Feria III

 

            "Arrima tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque las uvas están en sazón" (Ap 14, 10)

            La imagen de la vid o de la viña es genuinamente bíblica. Desde diversos ángulos esa realidad, tan común y querida en nuestro mundo mediterráneo, le sirve a Dios para revelarnos diversas faceta de su plan de salvación. En este texto se habla de la vendimia, la época en se cortan los racimos y se pisa la uva. De manera similar al fin del mundo en general, y con nuestra muerte en particular, también cada uno será cortado del tronco que nos da la vida. Puede ser hoy, dentro de un rato o ahora mismo...Dios mío, que pena si las uvas de mi cepa están aún verdes.

 

Feria IV

 

            "Grandes y admirables son tus obras, Señor Dios, soberano de todo" (Ap 15, 3)

            Sí, Dios mío, más grandes de lo que imagino, más admirables de cuanto intuyo... Basta pararse un instante y contemplar cuanto ocurre a nuestro alrededor, o en nuestro mismo interior. El aire que respiro con su riqueza en oxígeno, elemento imprescindible para poder vivir. Gracias a eso late nuestro corazón y bombea la sangre que nos vivifica sin cesar, transcurriendo sin parar por los meandros del río de nuestra venas... Es cierto, grandes y admirables son tus obras.  Bendito seas por siempre, muchas gracias, Señor!

 

Feria V

 

            "Dichosos los invitados al banquete de boda del cordero" (Ap 18, 9)

            La primera parte de esta perícopa habla del castigo terrible de Dios. Un aspecto que a menudo queda oscurecido por el intenso resplandor de la misericordia divina... Sé que el castigo divino lo he merecido cada vez que he pecado, y que volveré a merecerlo, si Dios no lo reme­dia, a merecerlo. Pero prefiero mostrarme optimista, apoyado en el poder y el amor divino, y pensar que el Señor me ha invitado a su banquete nupcial.

 

Feria VI

 

            "Y vi la ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo" (Ap 21, 2)

            Iglesia de Cristo, Esposa del Señor, la amada del Cordero. Es la nueva Hija de Sión que, a diferencia de la antigua, es santa e inmaculada gracias a los méritos de la Pasión y Muerte de Cristo... El vidente de Patmos la contempla hermosa y espléndida, enviada por Dios para celebrar las bodas del su Hijo amado, simbolizado en el blanco Cordero. El recuerdo de esa realidad me impulsa a querer y amar a mi Madre la Santa Iglesia, me sostiene y anima en este empeño de servirle más y mejor.

 

Sábado

 

            "Ahora que estoy para llegar" (Ap 22, 7)

            Dios mío, cuánto temo tu llegada y cuánto lo deseo. La temo porque te he ofendido tantas veces, y porque correspondo tan mal a tu amor. En estricta justicia merezco el fuego eterno. Pero al mismo tiempo la deseo y anhelo pues sólo junto a ti mi alma descansa. Tengo la firme esperanza de que todo terminará bien...Madre mía, te suplica que este corto tiempo que falta lo viva con el vivo deseo de repara y desagraviar a mi buen Padre Dios.

 

“Curriculum vitae”

            Antonio García-Moreno es Canónigo Lectoral de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Licenciado en Derecho Civil por la Universidad de Sevilla, doctor en Teología bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana y licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Desde hace casi cuarenta años imparte clases en el Seminario Metropolitano de Mérida-Badajoz, y desde el curso 1971-1972 en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Ha colaborado en la Gran Enciclopedia Rialp y en la Biblia de Navarra, donde en un principio, allá por los años setenta, participó especialmente en el Evangelio de San Juan. Esta circunstancia le condujo a trabajar de modo particular en este campo. No obstante, fuera de los estudios joánicos ha publicado su tesis doctoral en teología, El sentido del dolor en Job, según Juan de Pineda; sobre teología del Nuevo Testamento tiene el libro Pueblo, Iglesia y Reino de Dios y la participación en de la traducción y comentario de la Biblia le impulsó a publicar La Neovulgata. Precedentes y actualidad.

            Sobre San Juan ha publicado El cuarto Evangelio. Aspectos teológicos (traducido al italiano por Ediciones Dehonianas de Bolonia); El Evangelio de San Juan, reeditado con algunas mejoras y con el título de Introducción al Misterio. Evangelio de San Juan; El Hijo del trueno, sencilla y breve biografía sobre el Discípulo amado y, por último, Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos. Estudios de Cristología joánica. En el campo homilético ha colaborado con el Secretariado Nacional de Liturgia en la colección Comentarios Bíblicos. Años después, publicó una obra de más de mil páginas, en tres volúmenes, uno por cada ciclo del año litúrgico, titulada Al filo de tu palabra, Señor. Oración del domingo. Una segunda edición aparece en un sólo volumen, añadiendo comentarios a los leccionarios de las fiestas de España. Con el título Tu palabra me da vida, publica un volumen con los comentarios litúrgicos aparecidos en la Revista “Palabra”. Finalmente prologa y actualiza las notas de La vida de Nuestro Señor Jesucristo de C.P.Fillion publicada por Rialp en el año del Gran Jubileo. Pertenece a la Asociación Bíblica Española y es miembro de la Studiorum Novi Testamenti Societas, asociación bíblica interconfesional e internacional de reconocido prestigio.

Si alguien está interesado en alguna dominica o estampa bíblica pasada, puede solicitarla al autor:  agmoreno@unav.es