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DOMINGO
XIX DEL TIEMPO ORDIMARIO
(Ciclo A)
Silencio
Este pasaje del libro primero
de los Reyes recoge uno de los peores momentos de la vida del
profeta Elías. La reina pagana Jezabel le persigue con saña
inaudita, queriendo vengarse a toda costa de ese hombre que ha
vencido a los seudoprofetas del dios Baal. Elías, atemorizado,
emprende la ruta del desierto, se esconde en el monte, como un
fugitivo al que están a punto de darle alcance sus perseguidores. Y
ASÍ, al llegar al monte Horeb, se refugia en una cueva, buscando en
la soledad la cercanía de Dios.
Elías comprende que sólo
del Señor le puede venir el consuelo para su amargura; sólo en él
puede encontrar la fortaleza necesaria para seguir caminando cuesta
arriba. Por eso huye de los hombres y se interna en el misterio recóndito
de la intimidad de Dios. Y Dios le espera ahí, en esa soledad
serena. Como te espera a ti que, quizás, no acabes de refugiarte en
Él... Buscar a Dios, hasta encontrarle en la soledad de nuestra
habitación, en la lejanía de la montaña, o en la cercanía del río,
en la compañía de sólo árboles, sol y agua. Buscar a Dios,
llegar hasta él, acudir cada día, por unos momentos al menos, a
esa cita, siempre abierta, de este Jesús Señor nuestro que siempre
aguarda nuestra llegada.
Elías espera la llegada
de Dios, sumergido en el silencio de la montaña. Y de pronto el
viento se levanta violento, un huracán que hace crujir las rocas.
Pero allí no estaba Dios. Luego la tierra comienza a temblar y a
resquebrajarse en profundas grietas. Y tampoco en el terremoto
estaba Dios. Apenas se calla el rugido de la tierra, cuando
comienzan a crepitar en llamas los árboles de la ladera. Pero
tampoco en el fuego estaba Dios.
De pronto, una brisa
tenue, un susurro de las ramas, un silencio apenas roto. Y Elías se
postra en tierra, consternado y exultante al sentir la cercanía de
Dios... De siempre el espíritu del hombre ha necesitado el silencio
para escuchar la voz de Dios. En efecto, el silencio no es sólo un
sedante para los nervios y un reposo para nuestras facultades psíquicas,
es también el clima habitual donde Dios se nos comunica. Aunque a
veces es posible que la voz del Señor nos llegue en medio del
fragor de la vida corriente. Pero de ordinario, y Dios así lo
quiere, hay que buscarlo en la soledad, en el silencio de una
iglesia, en la calma del amanecer, en la tarde serena y callada.
Junto al río, o en la montaña, cara al cielo, en el silencio.
¡Señor,
sálvame!
Jesús se nos muestra con frecuencia recogido en oración. Él
que venía a enseñar a los hombres estando en medio de ellos, se
retiraba a menudo para estar a solas con el Padre. Ese gesto ya era
un modo claro de enseñarnos que hemos de retirarnos a la soledad
para hablar con nuestro Padre.
Se ha dicho, y es
verdad, que la oración es como el respirar del alma. En efecto, es
imposible vivir una vida interior seria, de íntima unión con Dios,
si no se hace mucha oración. Por otra parte, y dicho de otra
manera, es imposible alcanzar la perfección cristiana sin hacer
oración. Quizás por eso hay pocos santos, porque no hay muchos que
hagan oración.
La oración es descanso
del alma, fortaleza del espíritu, serenidad y confianza en medio de
las más arduas dificultades. Orar es acercarse a Dios, hablarle,
comunicarse con Él. De ahí que la oración levante el ánimo y
alegre el corazón, ilumine nuestro camino y nos capacite para
recorrerlo.
El texto nos narra también
que los apóstoles bogaban en medio del mar encrespado, que el
viento y las aguas estaban a punto de hundirles la barca. En aquella
noche cerrada, las olas se agitaban y los vientos les eran
contrarios. Jesús se les acerca entonces. Atónitos contemplan cómo
anda sobre las aguas. Es un fantasma, gritan aterrados. Pero el Señor
exclama: Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Fueron unos momentos que
luego han pasado a ser un símbolo para todos los que se encuentran
en medio de un peligro similar, esos momentos en los que parece que
todo está perdido y nos hundimos en medio de la oscuridad que nos
rodea. Entonces hemos de escuchar cómo también a nosotros nos dice
que no tengamos miedo. Sí, el Señor está siempre cerca y nos
anima.
Pedro, como tantas
veces, intervino de modo un tanto atrevido. Y se pone a caminar
sobre las aguas, hacia Jesús que le espera. Se sostiene por unos
momentos, pero de pronto duda y comienza a hundirse. ¡Señor, sálvame!,
grita asustado... Qué poca fe. Como tú y yo tantas veces. Pero no
importa, acudamos como Pedro al Señor. También a nosotros nos
tomará de la mano cuando todo parezca perdido y nos salvará.
Breve
meditación para cada día
Lunes.
Semana XIX del Tiempo ordinario
"Era la apariencia
visible de la gloria del Señor. Al contemplarla caí rostro en
tierra" (Ez 1, 28)
El profeta Ezequiel vive
en el destierro de Babilonia. Pertenece a los que fueron deportados,
arrancados de sus tierras y llevados a Babilonia. Sus palabras, aun
en medio de las circunstancias adversas son de esperanza y consuelo.
En este primer capítulo nos narra la visión que tuvo en tierra de
los caldeos, a orillas del río Quebar.
La gloria y el poder de
Yahwéh se manifiestan de modo deslumbrante, una figura en forma de
hombre aparece sobre un zafiro en forma de trono. Estaba nimbado de
resplandor, semejante al arco iris. “Era la apariencia visible de
la gloria del Señor”, explica el profeta que cae en tierra
anonadado ante tanta grandeza. Así el profeta nos enseña que Dios
es el dueño absoluto. y que también en tierra extraña brilla su
majestad y su gloria.
Martes.
Semana XIX del Tiempo ordinario
"Hijo de Adán,
alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te
doy" (Ez 2, 8)
Estamos ante un género
literario apocalíptico, un modo de escribir que utiliza imágenes y
símbolos, para comunicar unas realidades sobrenaturales con metáforas
naturales. Es este caso se trata de comerse un libro escrito por las
dos caras, es decir, un libro de contenido denso y rico.
El profeta nos dice que,
al comerlo, le supo a miel y que el Señor le mandó que
transmitiera el mensaje de ese libro a la Casa de Israel. De esa
forma llevaría el consuelo y la esperanza a cuantos sufrían lejos
de la patria. Y es que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios... Tú mismo, Jesús mío eres
el Pan vivo que da vida eterna... Sigue alimentándome, Señor.
Tengo tanta necesidad, tanta hambre...
Miércoles.
Semana XIX del Tiempo ordinario
"En medio de ellos, un hombre vestido de lino, con las
avíos de escribano a la cintura" (Ez 9, 2)
Seguimos escuchando los
relatos de las diversas visiones del profeta. En ellas aparecen
datos y figuras cuyo significado no siempre está claro para
nosotros. En este pasaje de hoy el profeta vaticina la hecatombe que
sufrirá Jerusalén, a causa de las abominaciones que en ella se han
cometido. Sin embargo, no todos sufrirán la misma suerte.
En efecto, aquellos que
no participan en dichas abominaciones, incluso que las lamentan con
tristeza, esos serán sellados con una tau, letra finas del alefato
hebreo, y se librarán del castigo... Podemos ver en este hecho una
advertencia para cada uno de nosotros, que también somos testigos
de crímenes y graves pecados en nuestra sociedad. Por una parte
para no dejarnos llevar del ambiente inmoral que nos rodea, y por
otro lado para lamentar tanta tropelía, y suplicar misericordia a
Dios por los pecados de nuestro tiempo.
Jueves.
Semana XIX del Tiempo ordinario
"Soy señal para vosotros..." (Ez 12,
11)
Los profetas de Israel
no sólo proclamaban su mensaje con palabras. También lo hacía
mediante diversas acciones. De esa manera llamaban la atención y
escenificaban la enseñanza que tenían que transmitir. En este
caso, Ezequiel se prepara para el exilio, se presenta ante los demás
como el se prepara para un largo viaje. La gente que lo advierte se
pregunta qué pasa, por qué se marcha Ezequiel.
Entonces el profeta
aclara el significado de todo aquello, el anuncio de un nuevo exilio
para los que aún estaban en tierras de Judá... De alguna forma ese
modo de enseñar sigue de actualidad. Es decir el mensaje se sigue
transmitiendo más con obras que con palabras. Todos hemos de ser
signos para los demás que, al vernos obrar según la enseñanza de
Cristo, se preguntarán por qué obramos así, por qué vivimos con
honestidad y con generosidad, sin rencores ni envidias. Según
Tertuliano la gente de su tiempo, al conocer la conducta de los
cristianos, comentaban: Mirad cómo se aman...
Viernes.
Semana XIX del Tiempo ordinario
“Pasando de nuevo a tu lado, te vi en la edad del
amor...” (Ez 16, 8)
Qué llamativos son los
pasajes en los que se presenta a Dios como un hombre enamorado. Las
relaciones entre el Señor y su pueblo se describen con imágenes
esponsalicias, con un lenguaje amoroso, de subido tono afectivo y
sentimental. De ese modo, aunque sea de forma analógica y
aproximada, podemos entender algo de lo que significa el amor
divino.
En esta lectura se habla de
cómo Dios se enamoró de Jerusalén. a la que elige, adorna con
joyas y le demuestra un gran amor. Luego esa fascinante mujer
traiciona a su esposo. No obstante, Dios no olvida su compromiso de
amor, perdona a la hija de Sión y sella una alianza... El profeta
quiere hacernos entender la gravedad de la ofensa hecha a Dios,
también la nuestra. Para que sintamos dolor por el pecado cometido,
para que nos convirtamos y correspondamos al inmenso amor que Dios
nos tiene.
Sábado.
Semana XIX del Tiempo ordinario
"Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su
proceder...Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes; no
haya para vosotros más ocasión de mal" (Ez 18, 30-31)
Al parecer había un
refrán en Israel que decía: “Los padres comieron agraces y los
hijos tuvieron dentera”. Con ello se aludía de la repercusión
del pecado de los padres en los hijos, motivándonos con ello a no
pecar. En cierto modo, es una realidad que sigue en vigor, ya que
nuestras malas acciones repercuten en mal propio y en perjuicio
ajeno. Lo mismo que los buenos actos ayudan a los demás y
benefician al que lo hace.
Sin embargo, aquí el Señor
nos enseña que todo acto malo tiene sus consecuencias para el que
lo comete. En el pecado se lleva la penitencia, se suele decir. Y es
verdad. Es la consecuencia lógica de un orden correcto. Lo
contrario, el hacer mal impunemente sería injusto. De todas formas,
también es cierto que la justicia divina se combina con la
misericordia. Por eso, junto con el pesar por nuestro pecado, hay
que tener también esperanza en la compasión divina.
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“Curriculum
vitae”
Antonio García-Moreno es Canónigo Lectoral de la
Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Licenciado en Derecho
Civil por la Universidad de Sevilla, doctor en Teología bíblica
por la Pontificia Universidad Gregoriana y licenciado en
Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de
Roma. Desde hace casi cuarenta años imparte clases en el
Seminario Metropolitano de Mérida-Badajoz, y desde el curso
1971-1972 en la Facultad de Teología de la Universidad de
Navarra. Ha colaborado en la Gran Enciclopedia Rialp y en la
Biblia de Navarra, donde en un principio, allá por los años
setenta, participó especialmente en el Evangelio de San
Juan. Esta circunstancia le condujo a trabajar de modo
particular en este campo. No obstante, fuera de los estudios
joánicos ha publicado su tesis doctoral en teología, El
sentido del dolor en Job, según Juan de Pineda;
sobre teología del Nuevo Testamento tiene el libro Pueblo, Iglesia y Reino de Dios y la participación en de la traducción y comentario de la Biblia le
impulsó a publicar La
Neovulgata. Precedentes y actualidad.
Sobre San Juan ha publicado El
cuarto Evangelio. Aspectos teológicos (traducido al
italiano por Ediciones Dehonianas de Bolonia); El
Evangelio de San Juan, reeditado con algunas mejoras y
con el título de Introducción al Misterio. Evangelio de San Juan; El Hijo del trueno,
sencilla y breve biografía sobre el Discípulo amado
y, por último, Jesús
el Nazareno, el Rey de los judíos. Estudios de Cristología
joánica. En el campo homilético ha colaborado con el
Secretariado Nacional de Liturgia en la colección Comentarios Bíblicos. Años después, publicó una obra de más de
mil páginas, en tres volúmenes, uno por cada ciclo del año
litúrgico, titulada Al
filo de tu palabra, Señor. Oración del domingo. Una
segunda edición aparece en un sólo volumen, añadiendo
comentarios a los leccionarios de las fiestas de España.
Con el título Tu
palabra me da vida, publica un volumen con los
comentarios litúrgicos aparecidos en la Revista
“Palabra”. Finalmente prologa y actualiza las notas de La
vida de Nuestro Señor Jesucristo de C.P.Fillion
publicada por Rialp en el año del Gran Jubileo. Pertenece a
la Asociación Bíblica Española y es miembro de la
Studiorum Novi Testamenti Societas, asociación bíblica
interconfesional e internacional de reconocido prestigio. |
| Si
alguien está interesado en alguna dominica o estampa bíblica
pasada, puede solicitarla al autor: agmoreno@unav.es |
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