Aquí, la Biblia.

Una página del M. Iltre. Sr. Dr. D. Antonio García-Moreno

Misas 

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Evangelio

 

 

 

  

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDIMARIO 

(Ciclo A)

 

 

Silencio

         Este pasaje del libro primero de los Reyes recoge uno de los peores momentos de la vida del profeta Elías. La reina pagana Jezabel le persigue con saña inaudita, queriendo vengarse a toda costa de ese hombre que ha vencido a los seudoprofetas del dios Baal. Elías, atemorizado, emprende la ruta del desierto, se es­conde en el monte, como un fugitivo al que están a punto de darle alcance sus perseguidores. Y ASÍ, al llegar al monte Horeb, se refugia en una cueva, buscando en la soledad la cercanía de Dios.

         Elías comprende que sólo del Señor le puede venir el consuelo para su amargura; sólo en él puede encontrar la fortaleza necesaria para seguir caminando cuesta arriba. Por eso huye de los hombres y se interna en el misterio recóndito de la intimidad de Dios. Y Dios le espera ahí, en esa soledad serena. Como te espera a ti que, quizás, no acabes de refugiarte en Él... Buscar a Dios, hasta encontrarle en la soledad de nuestra habitación, en la lejanía de la montaña, o en la cercanía del río, en la compañía de sólo árboles, sol y agua. Buscar a Dios, llegar hasta él, acudir cada día, por unos momentos al menos, a esa cita, siempre abierta, de este Jesús Señor nuestro que siempre aguarda nuestra llegada.

         Elías espera la llegada de Dios, sumergido en el silencio de la montaña. Y de pronto el viento se levanta violento, un huracán que hace crujir las rocas. Pero allí no estaba Dios. Luego la tierra comienza a temblar y a resquebrajarse en profundas grietas. Y tampoco en el terremoto estaba Dios. Apenas se calla el rugido de la tierra, cuando comienzan a crepitar en llamas los árboles de la ladera. Pero tampoco en el fuego estaba Dios.

         De pronto, una brisa tenue, un susurro de las ramas, un silencio apenas roto. Y Elías se postra en tierra, consternado y exultante al sentir la cercanía de Dios... De siempre el espíritu del hombre ha necesitado el silencio para escuchar la voz de Dios. En efecto, el silencio no es sólo un sedante para los nervios y un reposo para nuestras facultades psíquicas, es también el clima habitual donde Dios se nos comunica. Aunque a veces es posible que la voz del Señor nos llegue en medio del fragor de la vida corriente. Pero de ordinario, y Dios así lo quiere, hay que buscarlo en la soledad, en el silencio de una iglesia, en la calma del amanecer, en la tarde serena y callada. Junto al río, o en la montaña, cara al cielo, en el silencio.

 

¡Señor, sálvame!

 

         Jesús se nos muestra con frecuencia recogido en oración. Él que venía a enseñar a los hombres estando en medio de ellos, se retiraba a menudo para estar a solas con el Padre. Ese gesto ya era un modo claro de enseñarnos que hemos de retirarnos a la soledad para hablar con nuestro Padre.

         Se ha dicho, y es verdad, que la oración es como el respirar del alma. En efecto, es imposible vivir una vida interior seria, de íntima unión con Dios, si no se hace mucha oración. Por otra parte, y dicho de otra manera, es imposible alcanzar la perfección cristiana sin hacer oración. Quizás por eso hay pocos santos, porque no hay muchos que hagan oración.

         La oración es descanso del alma, fortaleza del espíritu, serenidad y confianza en medio de las más arduas dificultades. Orar es acercarse a Dios, hablarle, comunicarse con Él. De ahí que la oración levante el ánimo y alegre el corazón, ilumine nuestro camino y nos capacite para recorrerlo.

         El texto nos narra también que los apóstoles bogaban en medio del mar encrespado, que el viento y las aguas estaban a punto de hundirles la barca. En aquella noche cerrada, las olas se agitaban y los vientos les eran contrarios. Jesús se les acerca entonces. Atónitos contemplan cómo anda sobre las aguas. Es un fantasma, gritan aterrados. Pero el Señor exclama: Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Fueron unos momentos que luego han pasado a ser un símbolo para todos los que se encuentran en medio de un peligro similar, esos momentos en los que parece que todo está perdido y nos hundimos en medio de la oscuridad que nos rodea. Entonces hemos de escuchar cómo también a nosotros nos dice que no tengamos miedo. Sí, el Señor está siempre cerca y nos anima.

         Pedro, como tantas veces, intervino de modo un tanto atrevido. Y se pone a caminar sobre las aguas, hacia Jesús que le espera. Se sostiene por unos momentos, pero de pronto duda y comienza a hundirse. ¡Señor, sálvame!, grita asustado... Qué poca fe. Como tú y yo tantas veces. Pero no importa, acudamos como Pedro al Señor. También a nosotros nos tomará de la mano cuando todo parezca perdido y nos salvará.

 

Breve meditación para cada día

 

Lunes. Semana XIX del Tiempo ordinario

 

         "Era la apariencia visible de la gloria del Señor. Al contemplarla caí rostro en tierra" (Ez 1, 28)

         El profeta Ezequiel vive en el destierro de Babilonia. Pertenece a los que fueron deportados, arrancados de sus tierras y llevados a Babilonia. Sus palabras, aun en medio de las circunstancias adversas son de esperanza y consuelo. En este primer capítulo nos narra la visión que tuvo en tierra de los caldeos, a orillas del río Quebar.

         La gloria y el poder de Yahwéh se manifiestan de modo deslumbrante, una figura en forma de hombre aparece sobre un zafiro en forma de trono. Estaba nimbado de resplandor, semejante al arco iris. “Era la apariencia visible de la gloria del Señor”, explica el profeta que cae en tierra anonadado ante tanta grandeza. Así el profeta nos enseña que Dios es el dueño absoluto. y que también en tierra extraña brilla su majestad y su gloria.

 

Martes. Semana XIX del Tiempo ordinario

 

         "Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy" (Ez 2, 8)

         Estamos ante un género literario apocalíptico, un modo de escribir que utiliza imágenes y símbolos, para comunicar unas realidades sobrenaturales con metáforas naturales. Es este caso se trata de comerse un libro escrito por las dos caras, es decir, un libro de contenido denso y rico.

         El profeta nos dice que, al comerlo, le supo a miel y que el Señor le mandó que transmitiera el mensaje de ese libro a la Casa de Israel. De esa forma llevaría el consuelo y la esperanza a cuantos sufrían lejos de la patria. Y es que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios... Tú mismo, Jesús mío eres el Pan vivo que da vida eterna... Sigue alimen­tándome, Señor. Tengo tanta necesidad, tanta hambre...

 

Miércoles. Semana XIX del Tiempo ordinario

 

         "En medio de ellos, un hombre vestido de lino, con las avíos de escribano a la cintura" (Ez 9, 2)

         Seguimos escuchando los relatos de las diversas visiones del profeta. En ellas aparecen datos y figuras cuyo significado no siempre está claro para nosotros. En este pasaje de hoy el profeta vaticina la hecatombe que sufrirá Jerusalén, a causa de las abominaciones que en ella se han cometido. Sin embargo, no todos sufrirán la misma suerte.

         En efecto, aquellos que no participan en dichas abominaciones, incluso que las lamentan con tristeza, esos serán sellados con una tau, letra finas del alefato hebreo, y se librarán del castigo... Podemos ver en este hecho una advertencia para cada uno de nosotros, que también somos testigos de crímenes y graves pecados en nuestra sociedad. Por una parte para no dejarnos llevar del ambiente inmoral que nos rodea, y por otro lado para lamentar tanta tropelía, y suplicar misericordia a Dios por los pecados de nuestro tiempo.

 

Jueves. Semana XIX del Tiempo ordinario

 

         "Soy señal para vosotros..." (Ez 12, 11)

         Los profetas de Israel no sólo proclamaban su mensaje con palabras. También lo hacía mediante diversas acciones. De esa manera llamaban la atención y escenificaban la enseñanza que tenían que transmitir. En este caso, Ezequiel se prepara para el exilio, se presenta ante los demás como el se prepara para un largo viaje. La gente que lo advierte se pregunta qué pasa, por qué se marcha Ezequiel.

         Entonces el profeta aclara el significado de todo aquello, el anuncio de un nuevo exilio para los que aún estaban en tierras de Judá... De alguna forma ese modo de enseñar sigue de actualidad. Es decir el mensaje se sigue transmitiendo más con obras que con palabras. Todos hemos de ser signos para los demás que, al vernos obrar según la enseñanza de Cristo, se preguntarán por qué obramos así, por qué vivimos con honestidad y con generosidad, sin rencores ni envidias. Según Tertuliano la gente de su tiempo, al conocer la conducta de los cristianos, comentaban: Mirad cómo se aman...

 

Viernes. Semana XIX del Tiempo ordinario

 

         “Pasando de nuevo a tu lado, te vi en la edad del amor...” (Ez 16, 8)

         Qué llamativos son los pasajes en los que se presenta a Dios como un hombre enamorado. Las relaciones entre el Señor y su pueblo se describen con imágenes esponsalicias, con un lenguaje amoroso, de subido tono afectivo y sentimental. De ese modo, aunque sea de forma analógica y aproximada, podemos entender algo de lo que significa el amor divino.

En esta lectura se habla de cómo Dios se enamoró de Jerusalén. a la que elige, adorna con joyas y le demuestra un gran amor. Luego esa fascinante mujer traiciona a su esposo. No obstante, Dios no olvida su compromiso de amor, perdona a la hija de Sión y sella una alianza... El profeta quiere hacernos entender la gravedad de la ofensa hecha a Dios, también la nuestra. Para que sintamos dolor por el pecado cometido, para que nos convirtamos y correspondamos al inmenso amor que Dios nos tiene.

 

Sábado. Semana XIX del Tiempo ordinario

 

         "Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder...Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes; no haya para vosotros más ocasión de mal" (Ez 18, 30-31)

         Al parecer había un refrán en Israel que decía: “Los padres comieron agraces y los hijos tuvieron dentera”. Con ello se aludía de la repercusión del pecado de los padres en los hijos, motivándonos con ello a no pecar. En cierto modo, es una realidad que sigue en vigor, ya que nuestras malas acciones repercuten en mal propio y en perjuicio ajeno. Lo mismo que los buenos actos ayudan a los demás y benefician al que lo hace.

         Sin embargo, aquí el Señor nos enseña que todo acto malo tiene sus consecuencias para el que lo comete. En el pecado se lleva la penitencia, se suele decir. Y es verdad. Es la consecuencia lógica de un orden correcto. Lo contrario, el hacer mal impunemente sería injusto. De todas formas, también es cierto que la justicia divina se combina con la misericordia. Por eso, junto con el pesar por nuestro pecado, hay que tener también esperanza en la compasión divina.

“Curriculum vitae”

            Antonio García-Moreno es Canónigo Lectoral de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Licenciado en Derecho Civil por la Universidad de Sevilla, doctor en Teología bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana y licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Desde hace casi cuarenta años imparte clases en el Seminario Metropolitano de Mérida-Badajoz, y desde el curso 1971-1972 en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Ha colaborado en la Gran Enciclopedia Rialp y en la Biblia de Navarra, donde en un principio, allá por los años setenta, participó especialmente en el Evangelio de San Juan. Esta circunstancia le condujo a trabajar de modo particular en este campo. No obstante, fuera de los estudios joánicos ha publicado su tesis doctoral en teología, El sentido del dolor en Job, según Juan de Pineda; sobre teología del Nuevo Testamento tiene el libro Pueblo, Iglesia y Reino de Dios y la participación en de la traducción y comentario de la Biblia le impulsó a publicar La Neovulgata. Precedentes y actualidad.

            Sobre San Juan ha publicado El cuarto Evangelio. Aspectos teológicos (traducido al italiano por Ediciones Dehonianas de Bolonia); El Evangelio de San Juan, reeditado con algunas mejoras y con el título de Introducción al Misterio. Evangelio de San Juan; El Hijo del trueno, sencilla y breve biografía sobre el Discípulo amado y, por último, Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos. Estudios de Cristología joánica. En el campo homilético ha colaborado con el Secretariado Nacional de Liturgia en la colección Comentarios Bíblicos. Años después, publicó una obra de más de mil páginas, en tres volúmenes, uno por cada ciclo del año litúrgico, titulada Al filo de tu palabra, Señor. Oración del domingo. Una segunda edición aparece en un sólo volumen, añadiendo comentarios a los leccionarios de las fiestas de España. Con el título Tu palabra me da vida, publica un volumen con los comentarios litúrgicos aparecidos en la Revista “Palabra”. Finalmente prologa y actualiza las notas de La vida de Nuestro Señor Jesucristo de C.P.Fillion publicada por Rialp en el año del Gran Jubileo. Pertenece a la Asociación Bíblica Española y es miembro de la Studiorum Novi Testamenti Societas, asociación bíblica interconfesional e internacional de reconocido prestigio.

Si alguien está interesado en alguna dominica o estampa bíblica pasada, puede solicitarla al autor:  agmoreno@unav.es