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DOMINGO
XIX DE AÑO
Ciclo A.
10
de Agosto de 2008 .
1 Re. 19, 9a. 11-13a.
Rom. 9, 1-5.
Mt.
14, 22-33.
La
primera lectura nos muestra
que el profeta Elías conoce la presencia de Dios no en el trueno sino en el
susurro de la brisa.
En
la segunda lectura Pablo muestra
el gran amor a sus hermanos por el amor que tiene a Cristo, diciendo:
“Desearía ser yo mismo objeto de maldición por mis hermanos de raza”.
El
Evangelio relata un pasaje de
Cristo en donde Jesús camina sobre las aguas y salva a Pedro.
Comentario:
En el Evangelio Jesús tranquiliza a sus apóstoles.
Hacia
las tres de la madrugada, en un amanecer de mayo del año 35, una barca
pesquera se hallaba a unos 5
Km. De la costa este y a unos 7 Km. de la costa oeste. A bordo, unos pocos
hombres en lucha a brazo partido con las olas, con la noche, con los abismos
y la muerte. De pronto, apartando las olas con su presencia, alguien, como
un fantasma luminoso, va a pie sobre las aguas en dirección a la barca. Los
hombres, asustados, gritaron más fuerte que las olas. El personaje les
tranquiliza diciendo: "Yo soy". Era Jesús. Y Pedro, sin pensárselo
dos veces, se apeó en marcha de la barca, y andaba sobre el agua. Anduvo
sobre las cristalinas aguas mientras confió en Jesús; pero, en cuanto
confió en sí sólo y dudó del maestro, perdió pie y fue a pique. Jesús
le dio la mano, subieron los dos a la barca y, a tempestad dormida, llegaron
a la costa occidental.
La
lección de este episodio es clara: en la tempestad, en la tribulación hay
que tener calma. La fe en Jesús, fe en su doctrina: esa es su enseñanza.
En
nuestros días se vive como en una tempestad. Muchos viven en una gran
crisis de Dios, provocada por los cambios de la Iglesia, por la secularización,
por el materialismo en que vive nuestra sociedad.
a)
Hasta hace pocos años, se ha vivido con una fe ancestral, en la que detrás
de las nubes y las buenas cosechas, detrás de la abundancia y la salud,
estaba la bendición providencial de Dios. No resultaba difícil ver y
hablar de Dios.
Hoy,
los abonos minerales, el trabajo inteligente del hombre y las máquinas, los
ordenadores y los robots, son primeros instrumentos de rendimiento. Aparece
el hombre como un creador del mundo. Y al tomar conciencia de ello es
victima de una tentación: la excesiva confianza en la técnica y la perdida
de contacto con lo eterno.
b)
Además, parece que vivimos en la imposibilidad de encontrar una fórmula
correcta de convivencia humana: Con los conflictos sociales que existen, con
las ideas monocolor de los partidos políticos, con los engaños para
hacerse rico enseguida (que ahora le llaman tráfico de influencias), en la
conflictividad del país vasco, conflictividad en los matrimonios y entre
padres e hijos.
De
aquí que se apodere de nosotros una profunda insatisfacción total, un
pesimismo sin horizontes de futuro, del que algunos culpan a Dios.
c)
En este problema no se excluye a la misma Iglesia, porque a muchos hace
dudar por sus cambios actuales.
Con
toda esta triste realidad, nos ha ocurrido lo que a una bandada de pájaros
cuando oyen un golpe o se les da una palmada: que se desconciertan y pierden
su sitio. Basta, por lo visto, con que unos cuantos sacerdotes u obispos, o
monjas, hayan perdido los papeles en su oficio, que en nuestro país se
manifieste la pornografía y nos la presenten con descaro ante nuestros ojos
y oídos, que surjan los conflictos laborales y que la política se haya
hecho de rabiosa actualidad, con los distintos partidos que quieren asumir
el poder pregonando ideas opuestas y dulzonas... para que los cristianos,
antes tan iguales y tan a gusto, se formen, muchos de ellos, un caos mental,
les entre miedo y se les antoje que Dios es un fantasma.
Buscamos
en todo la seguridad. Y una garantía cierta, nunca podremos encontrarla ni
en las cosas de este mundo ni en las personas. Solo la encontraremos en la
fe. La fe que es más firme que el viento, más fuerte que la roca, más sólida
que los criterios eventuales.
La
fe en Dios, que no son unas normas eclesiásticas, no es creer simplemente
una lista de verdades, teorías o dogmas, ni siquiera en una persona digna
de crédito. Todo esto estará bien. Pero fe es creer en Dios y en su
enviado Jesucristo, el cual nos ha manifestado las verdades que nos lleva a
la salvación eterna y a la felicidad en este mundo. Quien cree en él y en
su doctrina, tiene seguridad en la vida y da solución satisfactoria a todos
los problemas.
Por eso, seguir a Jesús, es seguir el bien. Es encontrar la tranquilidad
y la paz. Es confiar plenamente, porque la justicia no puede fallar en Dios
todopoderoso, aunque la de los hombres falle. La fe es tener esperanza y
alegría en el corazón porque piensa, como el atleta, en un final feliz.
Cristino.
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