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CATEDRAL
Desdentado
mástil, robusta pieza,
gótica,
renacentista y barroca,
señera
silueta que evoca
cristianas
gestas de rudeza.
Más
que una Iglesia: fortaleza y,
esa
estampa exterior choca
cuando
a Dios el coro invoca;
tallada
madera que también reza.
Reposa
en el claustro más de un deán
desde
era lejana, casi medieval, nobles,
hidalgos
y algún sacristán.
Lienzos,
tapices, son viva señal
que
todo un museo hay en San Juan
¡Y
tantos ignoran a su Catedral!
Antonio Bardají.
PLEGARIA
¡Dame
, Señor, la firme voluntad
compañera
y sostén de la virtud;
la
que sabe en el golfo hallar quietud
y
en medio de las sombras claridad:
la que trueca en tesón la veleidad
y
el ocio en perenal solicitud,
y
las ásperas fiebres en salud,
y
los torpes engaños en verdad!
Y así conseguirá mi corazón
que
los favores que a tu amor debí
te
ofrezcan algún fruto en galardón...
y aún Tú, Señor, conseguirás así
que
no llegue a romper mi confusión
la
imagen tuya que pusiste en mí.
(Adelardo López de Ayala. 1828-1879)
HOY
TENGO MIS PECADOS
Si
somos camaradas de caminos,
-arterias
del paisaje-
y
una misma coyunda nos empuja
en
busca de la tarde,
no
es raro ni imposible
que
andemos, tropecemos y caigamos
de
modo semejante.
Hoy
tengo
mis pecados a punto de leerlos
sin
rencor hacia nadie,
aunque
sepa que muchos fueron míos
por
culpa de ese alguien
que
siempre nos empuja y no sabemos
en
dónde está su calle.
Aquí
tengo la lista:
el
primero, no amarte;
el
segundo, creerte una herramienta,
y
el tercero, envidiarte.
Que
toda la basura de esta noche,
en
tres golpes fatales,
se
concentra y se pudre
desde
el seno hasta el aire.
Hoy
tengo mis pecados:
tres
sorbos de vinagre
en
la vieja vasija
del
barro de mi carne.
Pedro
Belloso.
GUADIANA
Desde
mi casa
veo
un río,
le
acompañan
cuatro
puentes
como
cuatro direcciones:
puente
Real,
puente
de la Universidad,
puente
Viejo
y
puente de la Autonomía.
Quién
te conoce y quién te conoció
fuiste
como una playa en los veranos,
de
muchas infancias.
En
tus ojos te pierdes
Guadiana,
cuando
lloras y no quieres
que
veamos tus lágrimas
de
buen río que fuiste
y
que ahora,
te
has quedado en la nada
mi
querido, río Guadiana.
Víctor
Andújar Romero.
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