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Corpus Christi

Sacerdote

(José García)

 

Un timo

 

 

FIESTA DEL CORPUS EN BADAJOZ

La fiesta del Corpus Christi y la gran Procesión que le acompaña, no se celebraban antes del siglo XIII. Parece extraño. Porque había fiestas en honor de la Virgen María en sus distintas advocaciones, había fiestas en honor de los santos y también de otros sucesos relevantes en la vida de Cristo. Todos brillaban en el calendario para perpetuar su memoria. Pero el gran acontecimiento del Pan Eucarístico, no la tenía. Es cierto que se reconocía la gran importancia de este prodigio, que los creyentes hacían profundas inclinaciones y genuflexiones a la Eucaristía, y que levantaban sus manos para dar gracias a Dios por ello.

Fue a principios de ese siglo cuando en las conciencias de los católicos surge un fuerte sentimiento en favor de una solemnidad especial, que debía brillar con más esplendor, porque se trataba de celebrar que Cristo se hizo pan para nosotros.

El papa Urbano IV, en 1264, reconociendo el vacío en el calendario romano, instituye como fiesta de primer orden el día del Corpus Christi y la recomienda, como tal, a la Iglesia Universal.

La noticia corre veloz por el mundo católico, como una luz que penetra en el bosque. El pueblo la recibe con entusiasmo. Ya en muchas partes de Europa se venía haciendo y se esperaba con interés la voz de la autoridad.

 

LA PROCESIÓN

Lo que contribuye a distinguir esta festividad de todas las demás es la Solemne Procesión, en que el Cuerpo de Cristo es llevado en triunfo por las calles y plazas con gran pompa y religiosidad. Procesiones con custodias resplandecientes, con humeantes incensarios, de músicos que estremecen los aires con sus melodías. Las calles se tapizan de flores o follaje al paso de la Eucaristía, los balcones se engalanan con hermosas colgaduras, los fieles muestran su respetuoso y ardiente fervor religioso, rindiendo homenaje público a Jesús y avivando su devoción a la Eucaristía, sacramento de amor a los hombres.

Esta explosión ruidosa de devoción a Jesús Sacramentado tuvo en España una de sus más espléndidas manifestaciones.

 

EN BADAJOZ

En Badajoz no era menos. El fervor se manifestaba tan entusiasta en este día que a los pies de la torre de su Catedral se colocaban unos entarimados y se representaban Autos-Sacramentales que estimulaban y deleitaban a los fieles. Estos espectáculos fueron posteriormente prohibidos por ir degenerando en comedias que desdecían de la religiosidad en tales conmemoraciones.

San Juan de Ribera, nombrado Obispo de Badajoz en 1562, debía gloriarse de poner en su escudo los blasones y trofeos de las dos nobilísimas casas de los Riberas y Enríquez de Cabrera, pero no permitió se plasmara esta memoria. Mandó se formara un óvalo o tarjeta, en cuyo medio se viera y venerara un altar y sobre él un Cáliz. Elevada sobre éste cáliz, una Hostia consagrada. A uno y otro lado del altar, dos braseros de fuego encendido en llama, en honor de tan admirable sacramento de amor a los hombres. Y mandó grabar la siguiente inscripción: Tibi post hoc fili mi ultra quid faciam? (Hecho esto por tí, hijo mío, ¿qué más puedo hacer?).

D. Francisco Valero y Losa es nombrado Obispo de Badajoz en 1708. Al llegar a nuestra ciudad queda agradablemente sorprendido de la devoción tan arraigada que observa. Inmediatamente muestra “el deseo de que se haga un Tabernáculo con gran magnificencia y grandeza, muy lleno de tallas, figuras y pinturas para nuestra Catedral, que fuera digno de las Eucaristías que se celebraban, especialmente el día del Corpus”. Y manda hacer el “costosísimo y primorosísimo” que tiene el Altar Mayor. Y que hasta el día de hoy se puede admirar.

 

EL JUEVES

A la fiesta del Corpus se le asignó un día, el Jueves, porque en ese día de la semana Cristo instituye la Eucaristía. De ahí, el dicho popular:

Tres jueves hay en el año

que relucen más que el sol,

Jueves Santo, Corpus Christi

y el día de la Ascensión.

En nuestros tiempos, la Autonomía Extremeña, como otras de España, han determinado que sea laborable ese Jueves del Corpus, con lo cual hay el inconveniente de no darle la solemnidad que merece. La Iglesia no quiere que se le quite ni un ápice a tal devoción y que los fieles cristianos tengan facilidades para ello. Por eso, se ha trasladado al Domingo.

 

EL DOMINGO 

En este domingo, la Procesión del Corpus Christi recorre las principales calles de Badajoz. Sale de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, finalizando en la misma.

A continuación, dentro de la Iglesia, el Sr. Arzobispo celebrará una Misa para aquellos fieles que quieran asistir.

 

ACOMPAÑANTES

Precedidas por la cruz de guía, se formarán las largas filas compuestas por seminaristas y fieles en general, pertenecientes o no a movimientos apostólicos de la Iglesia.

Entre las filas, marcharán los niños y niñas de primera comunión y los estandartes de las distintas Cofradías y Hermandades. Habrá un Coro que interpretará motetes en los altares del recorrido, la Banda de música que deleitará con su probada maestría, Junta de Cofradías, Adoración Nocturna, Seminaristas mayores y Clero con alba, Cabildo Catedralicio, Presidencia Eclesiástica y Presidencia Municipal.

Y entre el Cabildo Catedralicio, la CUSTODIA PROCESIONAL, magnífica pieza, hecha por Juan del Burgo en 1558, de plata sobredorada, de estilo plateresco, con un trabajo extraordinario de repujado y cincelado. De forma cuadrangular, con 1,35 m. de altura. tiene una torre central y otras cuatro en los ángulos. En el centro de la Custodia, irá el viril con la Hostia consagrada.

MEGAFONÍA

Como años anteriores, todas las calles del recorrido tendrán instalación de megafonía, para la ambientación apropiada.

 

RELIGIOSIDAD

Decía el célebre Diderot: “Rigoristas absurdos de religión no conocen el efecto de las ceremonias exteriores sobre el pueblo. No han visto nunca el entusiasmo de la multitud durante la procesión del Corpus, que también de mí se apodera algunas veces. Jamás he visto esa doble hilera de presbíteros de hábitos sacerdotales, estos jóvenes acólitos vestidos de con albas blancas y ceñidos de color orando al paso del Santísimo Sacramento, esta multitud que les precede y les sigue, en medio del mayor silencio religioso; tantos hombres con la frente inclinada hacia el suelo; jamás he oído el canto grave y patético entonado por los sacerdotes y repetido afectuosamente por una infinidad de voces de hombres, de mujeres y de niños, sin haberme sentido vivamente emocionado y sin que las lágrimas hayan asomado a mis ojos”.

Cristino Portalo Tena

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Sacerdote!

 

Esta mañana no lo he visto. Últimamente, todos los días lo encontraba  andando por la acera pausadamente con una bolsa de plástico en la mano diestra.

- Llevo el pan a casa, me decía.

Don José era mayor y, sin duda, salía de casa temprano por obediencia a su médico que le aconsejaba moverse y, conociéndole, no es de extrañar fuese una forma más de hacer un servicio.

Lo traté hace muchos años. Ya en 1942 descubrí su delicadeza en el trato, cuando yo hacia los exámenes de ingreso en el Seminario Diocesano de Badajoz.

D. José García Fernández fue rector del Seminario, profesor de Instituto de Enseñanza, Capellán del Ejercito del Aire, Consiliario de varias Asociaciones. Pero ante todo, era sacerdote.

Conversaba con todos, escuchaba a todos, respondía a todos. Era un hombre bueno que hablaba del buen Dios con amor, hablaba de la Virgen María con pasión, hablaba de las personas con respeto y veneración.

Hoy, yo no he podido hablar con él. Se ha muerto.

Ya no podré escuchar sus acertadas palabras en cualquiera de los asuntos que le planteaba. Se ha muerto.

Era un hombre muy instruido. Pero, sobre todo, era sacerdote. Y sus conversaciones tenían un sello de amor. El amor que había bebido en la Iglesia de Cristo.

Su funeral, de corpore insepulto, se ha celebrado en la Catedral Metropolitana de Badajoz el día 10 de Mayo. Era canónigo de la misma. Más de 100 sacerdotes concelebraron en la santa Misa, manifestando el aprecio que le tenían.

El Templo se llenó de fieles: Mujeres, hombres, jóvenes, profesores, alumnos, militares, políticos. Tanta gente había que no fueron suficientes las sillas supletorias que se colocaron. De pié permanecieron hasta el final, sufriendo la incomodidad, para hacer oración por él y para rubricar que su labor había sido útil, agradable y provechosa.

Era una forma de agradecer sus trabajos y de testimoniar la admiración al sacerdote, al amigo.

                                                                                                                         Cristino Portalo Tena.

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UN TIMO

 

Estaba yo sentado  en silla de madera escribiendo en unos folios sobre mesa forrada de formica, cuando aquella mañana sonó el timbre del teléfono. Solté la pluma, separé hacia adelante los folios, eché la silla para atrás y me levanté a descolgar el auricular, que estaba a una distancia de tres metros.

-Diga.

-Soy Javier Álvarez, me dijo, y llamo desde Madrid. ¿Es usted Sr. Portalo? Le llamo para hablarle de algo que espero le agrade.

-Sí soy yo. Dígame.

-He tenido la suerte, siguió diciendo, de que me toque una buena cantidad de dinero en la "bono loto" y quiero hacerle partícipe con un donativo. Estuve hace dos semanas hablando con usted y vi el interés que ponía en sus cosas.

-Normal. No?, dije.

-Me han tocado 460 millones y quiero mandarle 5 millones para sus trabajos.

-¡Caramba! Es la expresión que me salió espontánea.

-Supongo que tendrá proyectos para realizar.

-Por supuesto, le contesté.

-¿Tiene usted prisa?

-No.

-Es que me contesta con monosílabos.

-Porque me ha causado sorpresa.

-Yo soy admirador  de las cosas buenas que se hacen. Dígame el Banco con que usted opera, que mañana se lo mando a su cuenta. Iré el próximo día 18 y hablaremos. Y si necesita algo más, podré complacerle con gusto.

Le di las gracias  y nos despedimos. Me volví a seguir escribiendo. Pero no lo hacía con fijeza. Me venían a la mente muchas cosas. Lo primero que haría es abonarme al club deportivo Badajoz. Soy aficionado al fútbol y hace varios años que no iba a presenciar los partidos. Mi economía no me lo permitía. Ahora podré ir siempre que mis ocupaciones me lo autoricen. También pensaba en mandar alguna cantidad a una leprosería, que hacía tiempo no lo cumplía.

De esa forma iba desgranando muchos asuntos que tenía en perspectiva. Mi imaginación volaba como una paloma cruzando el espacio.

De momento, sonó otra vez el teléfono.

-Diga

-Yo otra vez, Javier Álvarez. Le llamo para exponerle una preocupación. Tengo un hermano, con quien las relaciones no son correctas. Él cree que le he estafado en la herencia de mis padres y quisiera ponerme a bien con él. Le he mandado 10 millones  de pesetas y no me las ha aceptado. Yo sé que él está en penuria. Me gustaría que fuera a verle y decirle que quiero hacer las paces y que cuando valla el día 18, le daré lo que él me pida. Vive en una calle cerca de ahí donde está usted.

Me dio el nombre de la calle y el número de la casa.

-¿Podrá ir a verle?

-Sí, le contesté, lo haré con mucho gusto. Y le expondré su deseo de que haya paz y armonía entre ustedes.

-¿Cuándo va a ir?.

-Ahora mismo, le contesté con aplomo.

Salí a la calle. Me dirigí a la dirección que me había indicado. Cuando iba llegando al número de la casa, un señor se detiene delante de mí, mirándome fijamente. Era de unos 50 años, con pantalones oscuros, camisa blanca con rayas azules, sin corbata y con jersey de color castaño.

-Usted me busca a mí. Soy José María Álvarez.

-Pues sí. Me ha llamado su hermano para que hable con usted. ¿Y cómo sabe  que yo venía, si su hermano me ha dicho que le han cortado la línea telefónica y que no se habla con usted?

-Me lo ha dicho mi vecina, me afirmó, a quien él ha llamado. Podemos hablar aquí.

Estuvimos paseando. Me dijo que su hermano le había perjudicado mucho. Que estaba arruinado. Pero también él quería hacer las paces. Que su hijo mayor se enfadó por haber rechazado los 10 millones. Que estaba en mucha necesidad. Le dije que me manifestara en qué podía ayudarle yo. Me habló de que no tenían para comer. Le indiqué que eligiera un restaurante que yo me encargaría de saldar la cuenta.

-Me estoy humillando, exclamó.

-No veo por qué, pues está exponiendo su caso real con aspiración de solucionar.

Seguimos hablando. Y de repente, me lanzó esta pregunta:

-¿Qué colonia usa usted?

Me quedé sorprendido. ¿A qué venía esa pregunta? Puse mis ojos fijamente en él. Después de un silencio clarificador, le hice saber que dinero no podía darle, pero tenía crédito ante cualquier restaurante que eligiera. Y que no tenía que preocuparse porque su hermano Javier se entrevistaría con él y le daría el dinero que necesitase.

Se quedó callado. Fue una pausa prolongada. Comprobando que ni me invitaba a su casa para hablar con sus hijos, nos despedimos.

Mientras volvía a mi trabajo, la imaginación iba por otros derroteros. Pensaba en el pato de blancas plumas que corría elevando sus alas para no ser cazado por el zorro que le perseguía.

¿No sería un timo el que me quería dar?. Llamé varias veces al teléfono que me había proporcionado y no contestaba. Esperé al día 18. Pero todo fue inútil. Mi sospecha fue cierta. Su proposición resultó no ser verdadera.  

 

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