|
LA
TORRE DE LA CATEDRAL |
|
|
LA TORRE DE LA
CATEDRAL Sobre la panorámica de las grandes ciudades, se elevan
las torres de las Catedrales, símbolo de la fe de los hombres que se
elevan a Dios, como reconocimiento de la dignidad que envuelven a las
personas, criaturas hechas para una transcendencia espiritual sin
fronteras. Nuestra torre es cuadrangular, corpulenta y fuerte como
un volcán en erupción, firme como guerrero en pié de batalla. Tiene
41 metros de altura y 11 metros por cada lado. Manos duras y callosas
tuvieron que hacerla para ir amontonando en sus bien alineadas esquinas
enormes piedras, que acompañarán en sus muros con perfecta argamasa de
cal, tierra y ladrillos. La terminaría en su parte más alta el portugués
Gaspar Mendes, ayudado por Juan Gutiérrez, calero, y Sancho García,
albañil, en el año 1542. Sobresalen sus almenas como soldados sin
pestañear que con cabeza descubierta saludan a los que desde cualquier
punto se acercan a la ciudad. |
|
La tarde del domingo 23 de septiembre de 1855, fue de
gran susto en el vecindario. Una fuerte tormenta lanzó un rayo furioso
sobre la esquina en la
parte que mira al sur, destruyendo la almena de dicho ángulo, que cayó
hecha pedazos en el atrio de la Iglesia. Pero el destrozo que hizo,
inmediatamente fue examinado por los peritos y en poco tiempo fue
restaurada, de tal modo que nadie notaría su desperfecto. En vanos con arcos de medio punto, se alojan las
campanas, que con su lengua sonora esparce por los aires su voz,
llamando al interesante encuentro. La más grande de las campanas que se
pusieron en el año 1523, se quebró, en los repiques armoniosos de
osados campaneros, el día de san Pedro de 1718. Hubo que fundirla de
nuevo. Su peso es de 122 arrobas. Y para subirla hubo necesidad de
utilizar tres carrillos y tres maromas
que prestó el gobernador de Elvas. Tuvieron que estar echando
agua constantemente para que las maromas no salieran ardiendo. En el tercer cuerpo luce, rodeada de maroma, la esfera
blanca del reloj, que, con números romanos en negro, nos señalan el
paso sonoro del tiempo. Su magnífica maquinaria fue fabricada en 1892
por D. Pedro Odobey, hijo, de Morez del Jura (Francia). Y en el año
1975 fue electrificada para que el anciano relojero no tuviera que subir
todos los días a darle a la manivela que lo hacía andar. En el segundo cuerpo de la torre se pueden admirar dos
ventanales de piedra ricamente adornados de vegetales, rostros de
hombre, niños y otros símbolos que la enriquecen, sobresaliendo en una
de ellas el AVE MARIA y su fecha de construcción en el año 1523. Los cuatro cuerpos de esta alta y ancha atalaya están
señalados con un buen adorno de festonado compuesto de cadenas y
crestería. Ahora con la nueva remodelación de la plaza de san
Juan, parece sentirse más la silueta de la torre. La plaza ha abierto
sus brazos mostrándose clara y radiante, con lluvia de blancura en sus
baldosas, con flores que perfuman el ambiente, con aire caprichoso que
mueve las hojas de los árboles que la rodean, con edificios elegantes
que la escoltan. Y puesto uno en la plaza, parece la Catedral una
gigante y fuerte jirafa, que eleva su cuello a las alturas para alcanzar
del cielo su sustento. Cristino Portalo Tena. |
|
|
|
|
|
|